Adele regresa a México siempre

No pensé que quisiera escribir una reseña sobre mi escapada al concierto de Adele. La verdad es que es una de esas cosas que me gustan como me gustan Maluma (vayan ustedes a saber cómo me gusta Maluma) y Justin Bieber. Uno que se considera melómano de amplios gustos musicales, tiene que tener variedad en la lista de “cosas que hay que ver en vivo por educación musical” como a Paul McCartney o a Lady Gaga. Son fenómenos culturales que simplemente hay que ver en vivo (como había que ver a Juanga y como no he visto a Britney o a TaySwift). Adele estaba en esa lista y desde que se anunció que venía no tuve duda de que había que verla en vivo aunque fuera en la última fila del Palacio de los Deportes.

No la vi en la última fila pero si bastante alejada porque los boletos estaban carísimos. Una vez que ubiqué mi lugar lo primero que pensé es “¿cuánto habrán gastado mis amigos que vinieron ayer a verla y subieron sus videos de muy cerquita?”. Llegamos dos minutos tarde así que no la vimos entrar espectacularmente con “Hello” pero no importa, lo que verdaderamente importa aquí es que Adele es una maravilla de persona. Uno pensaría que es una de esas mujeres serias que cantan de amor y corazones rotos, de tristezas y decepciones. Una canción tras otra para hacernos cantar y llorar. Y no.

Desconozco como era Adele en sus giras anteriores. Adele llegó por primera vez a México en una etapa de su vida en la que se siente muy bien con ella misma y con lo que ha hecho de su vida. Eso me alegra mucho porque Adele feliz es absolutamente encantadora y tiene un sentido del humor muy divertido. Ya me lo imaginaba por los comentarios en redes sociales de amigos que la vieron en su primera fecha pero, escucharla pedir perdón porque sus canciones son muy tristes y seguramente ibamos todos a llorar (y lloramos), avisarnos que si queremos bailar probablemente “Roumor has it” sea la mejor canción para hacerlo, contarnos que no ha hecho más que subir de peso en la gira y que necesita ejercitarse o teme romper el banquillo de su bloque acústico la hacen muy humana y definitivamente el concierto se hace más interactivo.

Además de confirmar que Adele es una de esas mujeres a las que no les cuesta absolutamente nada de trabajo cantar (como a Whitney Houston o Celine Dion, llévenme a ver a Celine), puedo con toda honestidad asegurar que ha sido uno de los conciertos más amenos a los que he ido, que podría ir muchas veces más a verla y que mi dinero estuvo bien invertido en la experiencia. Adele regresa a México cuando quieras a contagiarme tu cinismo por hacerte de dinero y una carrera exitosa a costa de tus momentos más bajos en la vida #goals.