FOMO: Enojados con el mundo

Esta semana fue una particularmente decepcionante… ¡al diablo!, llevamos como un mes decepcionados de lo que pasa en el mundo, en el país. Particularmente en el país. Desde que empezaron las Olimpiadas, pareciera que esperábamos ganar una medalla para sentirnos mejores personas, mejores ciudadanos, mejores Mexicanos. Por motivos de salud y laborales, es cada vez más complicado coordinar armar el FOMO, me entero de poco y dispongo de poco tiempo. Pero hoy, vamos a hacer una reflexión sobre lo que ha pasado en las últimas semanas, porque si todavía las tengo en mi memoria, quiere decir que fueron relevantes.

Primero, empezaron las olimpiadas, se acabaron; nuestro titular de la CONADE se gastó una millonada en uniformes, le consiguió cortesías a su novia, admitió que su oficina nomás era agencia de viajes y que no era su culpa que tuvieramos los atletas que tenemos. Los atletas que tenemos… TENEMOS LOS MEJORES ATLETAS QUE PODEMOS TENER DADAS LAS CIRCUNSTANCIAS. Porque para que tengamos atletas chingones como los gringos (y aún así a ellos tampoco les va tan bien en la vida), habría que ponernos de acuerdo con las prioridades en términos de educación, habría que aumentarnos el salario mínimo para no tener niños desnutridos y distraídos en las escuelas públicas, habría que mover a México para generarnos una cultura de hacer deporte parejo entre otras muchas cosas. Y déjenme les digo que como nación, como mexicanos, NO SOMOS NADIE PARA EXIGIRLE NADA A NUESTROS ATLETAS, a menos que les hubiéramos patrocinado el crowdfunding o el boteo. Y a pesar de eso, se hizo historia en taekwondo, en pentatlón moderno (¿quién sabía que eso existía?), en box, en atletismo, en clavados y en GIMNASIA (¡Gracias Alexa Moreno!). Porque cada medalla, cada calificación; nos hace -eso sí- historia en el deporte como país y nos da un estatus en la “competitividad” del deporte. Esta semana empezaron los Paralímpicos, ya tenemos medalla de oro ¿alguien lleva el registro de ellas? ¿o a esos atletas no les exigimos nada porque no patrocinan pan o bebidas y ni sabemos quienes son?

Luego, se nos murió Juanga. Pobre de su vocero porque estoy segura no quería dar la noticia el mismo día en que su serie se terminaba en TV Azteca y el canal ya tenía organizado un especial previo. Pero era inevitable, había que cancelar conciertos, había que avisarle a los fans. Y enterarse, para este México que ya venía arrastrando la cobija desde meses atrás, fue desgarrador. Un intelectual oportunista, de esos a los que les respeto la chamba pero no les doy un céntimo de crédito, tuvo a bien avisarle a todo México que Juan Gabriel no le gustaba, en un tono que más bien servía a sus intereses laborales y de efímero estrellato digital. El país entero se levantó en contra de un tal Nicolás Alvarado, del que solo unos pocos sabían. Ese mismo país se reunió esta semana en Bellas Artes, para despedir a Alberto Aguilera Valadez como se merecía y como todos queríamos: con una (otra) fiestota. Lamento que nunca veré al Divo de Juárez en vivo. Pero me voy a atrever a decir que su muerte marcará una diferencia significativa en la generación de “éxitos musicales” que realmente reflejen un retrato representativo del México que viven. ¿Qué quiero decir con esto? Que Juanga nos gusta desde siempre porque desde siempre, lo que escribió tenía mucho que decir sobre el México que éramos. Y digo éramos porque creo fielmente que ya no somos. Y que guardaremos sus éxitos como guardamos los de José Alfredo, pero lejos estámos de ser los mexicanos y las mexicanas de las canciones de José Alfredo y poco a poco nos alejamos de ser el México de Juanga. Y eso es bueno. Lo que me preocupa es ¿Quiénes son los que están cantando sobre el México de ahora? Porque dudo que un Samo, un Leonel García o un Mario Domm nos estén pintando un bonito panorama. Que alguien me diga…

Finalmente, ¡VAMOS A HABLAR DE PEÑA NIETO! Porque esto no sería un FOMO si no señalamos lo ridículamente absurdo que es nuestro gobierno. Se nos anunció, que terminando el espectáculo de las Olimpiadas, nos íbamos a enterar de un NOTICIÓN que cambiaría el curso del país. Lo que nos dijeron fue, que nuestro Presidente había plagiado su tesis. ¿En serio? Ya he dicho antes que no soy fan de Aristegui. La respeto y le respeto su trabajo, su trayectoria. Pero esa nota tenía de trascendente lo que tiene que te digan que un Youtuber se roba sus chistes de twitter. ¿Por qué? Porque esa investigación lo único que me confirma es que la trampa (y en términos generales, dado que EPN es el presidente, la corrupción) permea absolutamente todo el espectro de lo que define al Mexicano. Y eso es muy triste, pero es más triste que nos prometan cambiar al mundo con una nota de ese tenor en el contexto en el que vivimos.

No es pesimismo, ni decirles que la noticia no es importante porque ya sabíamos que no iban a correr al presidente; simplemente creo que si la señora Aristegui y su equipo creen que con su trabajo ella es la única que hace diferencia, yo les digo que puedo contar con los diez dedos de mis manos y los diez dedos de los pies, 20 nombres de reporteros que, todos los días con su trabajo, están cambiando el país. Y no se vale que porque ella se paga pauta de Youtube, salga a decir que sus notitas son las que hacen la diferencia en México. Era importante publicarla, si. Igual de importante que el trabajo de todos mis amigos periodistas, esos que publican diario, a los que les cortan las notas porque no hay pauta o se las editan porque ya nadie lee textos largos. Igual de importante, que seguirle el rastro a las Kardashian

Aclarado el punto del plagio de la tesis y porque no voy a tocar el tema de la entrevista de EPN con Marín, ni su ensayada “discusión” con “jóvenes” del país con motivo de su 4to informe de gobierno. Hablemos pues de la visita de Trump a México. NUNCA como mexicana, me había sentido tan frustrada. Nunca me había dado tanta pena. No fueron las tres veces que me cuestionaron en aduanas gringas porque tenía pasaporte mexicano. No fue cuando en la Universidad australiana me cuestionaron el legado de los mayas a las matemáticas. Tampoco cuando dando clases de español mis alumnos de primaria no entendían que yo, una mexicana, pudiera hablar inglés sin acento, tuviera mi nivel de educación, mi color de piel. No. Tuvo que venir el señor Trump a México para que yo sintiera una cólera como nunca había tenido ante un insulto a mi nacionalidad. Y el insulto no fue de Peña Nieto no, el insulto fue de Trump.

Digamos que fue inocencia de parte de nuestro gobierno creer que este señor tiene idea de lo que significa ser diplomático cuando en realidad es evidente que lo único que este señor sabe es que tener (o decir que tiene) dinero le da pase libre y le compra relaciones. Ya sabíamos que Hilary no iba a venir porque ya sabemos lo que el partido Demócrata piensa de nuestro actual presidente. Puedo entender, por muy rebuscadas que parezcan, las razones para extender la invitación antes del informe. Lo que para mí fue verdaderamente frustrante es que Trump entró y salió de este país sin daño alguno. Peor le ha ido a los headliners del Vive Latino que se arriesgan a bajar a cantar entre sus fans…¡y son fans! Lo verdaderamente frustrante es que en este maravillosamente paradójico país, donde nada nos parece, no nos ponemos de acuerdo para nada, en donde a la menor provocación hacemos fiesta o movilizamos a las masas; absolutamente nadie logró recordarle a Trump a su mamá, escupirle o meterle el pie.

Le hubieran invitado unos tacos, un tamal, unos totopos con salsa, ¡unos frijoles! para que de menos Moctezuma se encargara de vengarnos. Todos estuvieron atados de manos. Y esa frustración colectiva nos dio en la madre porque nos llevaron al punto de ebullición, y simplemente nos dejó de importar. Nos dejaron sin palabras. Nadie salió a las calles, nadie armó grupos de Facebook, nadie firmó una petición online. Nada. Seguimos en shock.

(En realidad estoy segura que las hubo. Espero fielmente que alguien, en algún lado esté cocinando algo para de verdad mover a México a raíz de esta visita, pero a lo que me refiero con “nadie” es que ninguno de esos movimientos tuvo más viralidad que la marcha en pro de la familia o el movimiento de unfollow masivo en redes contra esos que piensan salir a marchar)

Pero no todo es enojo, queja o frustración. Y como ya no quiero elaborar en los exóticos cambios al gabinete de Peña Nieto mejor les voy a contar que esta semana Sia estrenó video y Lady Gaga estrenó canción. Que hace unas semanas, Kanye estrenó video y Drake salió de la friendzone (un ratito) en los VMAs. Que hay unos payasos asustando gente en Estados Unidos, que un tipo en la borrachera se compró un autobús de miles de dólares, Y ¡Taylor Swift y no anda con Tom Hiddlestone! (Also, a esos que les gusta Orlando Bloom: there you go)

Y, afortunadamente, no importa lo mal que estemos, la ciencia nunca nunca, dejará de sorprendernos con estudios como el que dice que es malo desayunar plátano (sin albur), el que explica que esos a los que no nos gusta hacer ejercicio somos más inteligentes, el que afirma que el sexto sentido si existe y el que asegura que esos que pasan mucho tiempo de camino al trabajo, suben más de peso (pobres oficinistas, pobres).


Finalmente, los dejo con una teoría de conspiración sobre Taylor Swift que me hace mucha gracia y un estudio que dice que, benditoseaelseñor, las personas todavía preferimos la interacción en la vida real por sobre la virtual.