Black Lake y la exhibición de Björk en el MoMa

Ir al MoMa es una de “esas cosas que tienes que hacer como turista” porque… no sé, ¿porque nos gusta farolear? ¿porque nos gusta el “arte contemporáneo”? realmente no lo sé, lo que si sé es que el MoMa (Museum of Modern Art) ha estado en mi lista de pendientes desde mi pubertad noventera, tanto como la visita a Cumbre Tajin (es correcto, antes de que volviera “mainstream”). Tuve la suerte de visitar Nueva York y como buen turista, visité el MoMa en donde se puede ver la exhibición de Björk hasta el 7 de junio.

No me encanta Björk (haters en 5…4…3…2…) Nunca he entendido la fascinación con esa mujer pero como bien apuntan mis amigos, tampoco me gusta Sigur Rós y tal vez la música de Islandia no es lo mío (aunque si me guste Of Monsters and Men). Mucho se ha dicho de la exhibición de Björk en el MoMa, uno de los museos más populares de arte contemporáneo en el mundo y ciertamente referencia de la escena artística regional (no se hagan, si de ahí sacan sus justificaciones para Zona MACO).

“Hagamos eso primero para evitarnos filas y tachar eso de la lista de pendientes” dijo mi amiga en cuanto entramos al museo, habíamos comprado los boletos en línea y la entrada fue muy rápida. Tantas ganas que tenía de ver ese vestido de cisne – not – pero nadie nos dijo que parte de la exposición tenía visitas con horario programado por solicitud (tip). Basta con decir que no nos molestamos en entrar a esa sección aún cuando se veía vacía y pensamos que tal vez, podríamos colarnos.

No lo hicimos. Lo que si hicimos fue formarnos inmediatamente para Black Lake, no tuvimos que esperar mucho y mientras nos dejaban pasar, el amable voluntario que contaba cabezas explicaba que “había que moverse por la habitación”, “la salida es por la puerta del fondo” y que “hay alrededor de 46 bocinas instaladas” (mentira). La habitación era obscura y había dos pantallas en extremos opuestos. El techo y los espacios de pared que no están cubiertos por las pantallas de proyección están cubiertos por figuritas moldeadas de esponja que parecen una versión amplificada de… ¿poros? ¿papilas gustativas? ¿cráteres? Tengo ganas de tocar pero tengo más miedo de que me corran del museo por hacerlo ¿por qué no hay arte “sano” interactivo para adultos?

La proyección y la música empiezan, hay un ligero desfase entre el audio y el video. Las dos pantallas proyectan a veces lo mismo, otras veces diferentes puntos de vista. Por extraño que parezca, las protuberancias en la pared tienen todo el sentido, cierro los ojos por unos segundos y pienso “ok, tengo que reconocer que Björk si tiene una muy buena voz” y me acuerdo de cuando mi mejor amiga me contó que había llorado con su nuevo disco, “¿escuché yo su nuevo disco completo? No recuerdo esta canción” abro los ojos. Nuevamente debo admitir que Björk es una excelente interprete y entiendo que mucha gente se pueda conectar con ella. Lo que no entiendo es por qué la dejan hacer cosas como Bailar en la obscuridad y por qué habría de gustarme más eso que Casablanca. Nope.

Llegando al minuto dos, el ritmo de la canción aumenta y la gente empieza a deambular por la sala, despacio, como buscando otro punto del cual escuchar la música y de verdad sentir la diferencia. Pienso que sería lindo sentarme al centro de la habitación y solo escuchar, pero hay tanta gente moviéndose en la obscuridad con los ojos fijos en las pantallas que al final no me parece tan buena idea y sigo caminando.

Me detengo, miro a una pantalla, miro a la otra. No entiendo para nada el concepto de este video… Esa Björk si esta muy loca… ella es como… ¿la madre naturaleza? que bonito debe ser Islandia, aunque esa locación si parece de otro planeta. Me pregunto si alguien más a estas alturas (minuto cuatro) ha notado lo bien que se escuchan los diferentes elementos que componen la armonía de esta canción. ¿Conocen esa sensación de cuando vas a un concierto y puedes sentir el golpeteo de la batería o cada una de las notas del bajo vibrar sobre la piel? Eso. Quien quiera que haya diseñado el audio seguramente grabó varios canales – y sí – y ese que montó las figuritas de espuma en las paredes es un genio para distribuir el sonido – y si – “¿cuántas bocinas dijo el señor que tenía la instalación?” Ya no lo recuerdo.

Es más o menos el minuto seis y me parece que ya pasó suficiente tiempo como para darme cuenta del “talento artístico” que requirió esta pieza. Sigo sin explicarme la fascinación del mundo con esta mujer pero no me cabe duda de que tiene amigos muy talentosos y de verdad “le echa coco” para planear cada uno de los movimientos en su carrera y hacerse notar. Que alguien me explique como es diferente Björk de Lady Gaga porque para mi que son muy similares en ese sentido (haters en 3…2…1…), también me recuerda a Sia.

Cerca del final ya es la primavera o algo, colores más brillantes y no dejo que pensar que igual y esta instalación sirve para promocionar el turismo en Islandia. No supero la maestría de quien arregló la instalación de audio, las cuerdas, las percusiones, cómo suenan uniformemente a lo largo y ancho -aunque creo que es un cubo- de la habitación. Termina y no se si aplaudir o esperar a que alguien venga a explicarme el concepto de lo que Black Lake quiso decir. Al final solo salgo de la habitación y me enfrento con la opción de seguir caminando o pasar a la “sala de cine”.

Entramos a la sala en donde hay muchos almohadones acomodados en diferentes niveles sobre el suelo, al final otra pantalla proyecta vídeos de Björk que, como no soy fan, en mi vida había visto (o tal vez si pero lo había olvidado). Solo hay un video de Björk que recuerdo porque me produjo pesadillas, además de su película que más que terror, me dio sueño, mucho sueño.

Mientras veo los vídeos no puedo evitar pensar nuevamente que esto puede ser excelente promoción para Islandia, que la mitología islandesa debe ser muy interesante y que si, para quien no conoce a la cantante y no le interesa en lo más mínimo el arte pero si la cultura pop, la exposición vale la pena. Entiendo también que los que visitan la exposición y no son turistas o fanáticos de hueso colorado, lo hagan con una ceja levantada esperando ser sorprendidos. Francamente saldrán decepcionados, nadie que se jacte de entender el arte contemporáneo (o clásico) entenderá jamás el valor de un ingeniero de audio en un espacio cerrado vs uno abierto, tampoco va a entender de cisnes paseando por la alfombra roja, vestidos de arrachera o películas de Lars Von Tier.

No cabe duda de que Björk es un referente pop de los 90’s y principios del milenio… si me preguntan a mi, es eso que pasó porque internet, Madonna o Radiohead, es eso que pasaba en MTV cuando todavía se transmitía Ren y Stimpy en horario de hacer tarea y tu mamá se preocupaba más por que no vieras las novelas de La Tesorito con tu abuela. Los instrumentos, el vestuario, las animaciones, son inteligentes, impresionantes e innovadoras.

¿Quién va a los museos de arte contemporáneo por el arte? no se hagan… sólo vamos a “ver que hay” o “en que andan los chavos” vamos a criticar con la esperanza de aunque sea una vez, -como esos críticos de arte- seamos sorprendidos (rara vez sucede y si, me sorprendí en el MoMa pero no con Björk) Aplaudo la osadía de los curadores del MoMa por salirse de la caja y buscar atraer nuevas audiencias. Esa es la audiencia que si compra un salero de diseño y una bufanda de puntitos de Kusama porque ¿quién compra arte contemporáneo?

Aplaudo la audacia de Björk para montar este espectáculo y celebro la introducción (para nada novedosa) y el mantenimiento de la cultura pop como vía paralela al arte contemporáneo. No, la exhibición de Björk no es arte contemporáneo en el sentido estricto. Es un excelente collage de lo que Björk ha logrado integrar de la mano de artistas audiovisuales (y diseñadores) que de otro modo, igual no tendrían lugar en un museo. Sin el antecedente del vestido de cascabeles o la máscara Swarovsky, las pelucas de Sia o los cascos de Daft Punk tendrían otro valor cultural.

Si dicen que Vulnicura es su “nuevo comienzo” después del divorcio y de reclamar su maternidad –o algo-, ciertamente lo que hizo con Black Lake en el MoMa merece su propio capítulo en lo que sea que se convierta este nuevo “libro” de Björk y espero ese capítulo le de más mérito a los genios detrás de las paredes de esponja y las 49 bocinas que el MoMa o los críticos de arte no les supieron dar.

Después de todo, después de investigar y escribir este texto, tengo que aceptar que no me disgusta Björk del todo, solo no entiendo por qué la aman tanto y por qué un amor por Björk no puede ir acompañado por el amor a las Spice Girls. En conclusión vayan, vayan si tienen oportunidad de visitar NY antes del 7 de junio. Los veintitantos dólares de entrada valen la experiencia de 10 minutos si lo que les gusta es la música.

Vayan si de verdad la exhibición hace gira por el mundo. Ojalá la traigan a México, ojalá la traigan al Tamayo para que alguien truene una bocina, se haga pipí en los volcanes de espuma o le deje un chicle pegado. Ojalá la traigan a México para que ya superen lo de Kusama y mientras ustedes hacen fila para verlo, yo pueda hacer otras cosas.

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